TRAUMA INFANTIL: CONSECUENCIAS EN LA VIDA ADULTA

Actualizado: jul 22

Trauma infantil: 5 características




Todos tenemos un pasado. Y nos guste o no, esto puede afectar a nuestra existencia. Es imposible olvidar quiénes somos, lo que nos han hecho y lo que hemos hecho. Decir lo contrario sería mentirnos a nosotros mismos y adoptar una actitud contraproducente. Hay algunas señales que pueden indicarnos que todavía estamos emocionalmente vinculados a un trauma negativo que nos impide continuar y aprovechar al máximo las oportunidades que el presente nos ofrece.

Los eventos que potencialmente pueden desencadenar un trauma psicológico incluyen no sólo condiciones extremas y fuera de lo común, muy a menudo también pueden referirse a experiencias de falta de respeto y cuidado, o negligencia, que afectan a la percepción del sentido del valor interno del individuo, su seguridad, autoestima y su capacidad para expresarse, entre otras cosas.


El trauma incluye no sólo los hechos sufridos que causan el shock (muertes, separaciones...), sino también los cambios abruptos en el contexto en el que vives (vivienda, escuela,trabajo, amigos...) y, sobre todo por sus consecuencias a largo plazo, ambientes hostiles permanentes: padres ausentes, posesivos y manipuladores, chantajistas, abuso sexual, malos tratos.


De esta manera, por lo tanto, trauma significa una experiencia no resuelta en el momento en que se experimentó y que sigue condicionándonos incluso en la edad adulta.


La infancia es una fase decisiva de la vida. Las experiencias físicas y psicológicas durante esta etapa dejan marcas duraderas en el cerebro. Por esta razón, el trauma infantil impregna completamente la personalidad y su influencia se prolonga con el tiempo. Sin embargo, esto no significa que no puedan superarse adecuadamente. Si una persona ha tenido una infancia difícil, no significa que no pueda disfrutar plenamente de la vida. Sin embargo, generalmente requiere de procesos terapéuticos precisos o un procesamiento personal muy profundo. Hay algunas características que denotan la presencia de trauma infantil. Si has tenido una infancia difícil, vale la pena ver si algunas de estas características son parte de tu forma de ser. Son excelentes indicadores para darse cuenta de que es hora de hacer algo por sí mismo.





A veces los síntomas no aparecen inmediatamente después del evento traumático; pueden esconderse durante años e incluso décadas, y un día se despiertan como un manantial y activan todos los mecanismos que ponen a nuestro organismo a la defensiva.


Por ejemplo, aquellos que han tenido un accidente automovilístico pueden seguir sintiéndose incómodos y tensos en el coche, incluso si el accidente ocurrió años antes.

Esta sobreactivación emocional y corporal puede conducir al desarrollo de diferentes sintomatologías. Hay dos trastornos principales que se reconocen directamente relacionados con experiencias traumáticas no resueltas: Trastorno de Estrés Agudo y Trastorno de Estrés Postraumático (o PTS).



Si nos paramos a pensar, todos en algún momento de nuestra vida hemos podido sufrir algún tipo de acontecimiento traumático. Para algunos puede haber sido ser humillado en la escuela por un maestro demasiado duro, o duramente criticado por los padres, para otros ser dejados por su pareja; para muchos puede ser traumático perder su trabajo, o divorciarse, o la pérdida de un ser querido, pero también un juicio recibido.

CONSECUENCIAS DEL TRAUMA INFANTIL

1. Inhibición La inhibición tiene que ver con la dificultad de hacer sentir nuestra presencia en el mundo. Incluso en tu propia vida. Este es el caso de las personas que se sienten intimidadas cuando tienen que decir lo que piensan o hacer lo que quieren. Tienen miedo de hacerlo o simplemente no se les ocurre nada que decir o hacer. El trauma infantil te inhibe cuando tienes que autoafirmarte en diferentes situaciones. Hay hermetismo, aislamiento, gran dificultad para relacionarse y miedo a los demás. Hay personas que por naturaleza son introvertidas y, por lo tanto, no son muy expertas en situaciones sociales. Sin embargo, no tienen ningún problema para decir en voz alta lo que piensan o escuchan. Actúan con total autonomía. Cuando hay traumas infantiles por sellar, la persona quiere pasar desapercibida y prefiere no llamar la atención.

2. Irritabilidad

Las personas que no han superado sus traumas infantiles están acostumbradas a sentir un montón de ira. No son necesariamente personas violentas, pero a menudo no son muy tolerantes y son propensas a reaccionar agresivamente. Parece que siempre están a punto de explotar, aunque no lo hagan. Su irascibilidad también se observa en la forma en que manejan objetos o en su tono de voz. Ves la tensión en sus gestos y la forma en que hablan. La ira surge en su forma de actuar, incluso si no son explícitamente agresivas.

3. Rechazo de los cumplidos

Las personas que no han superado sus traumas infantiles no pueden valorarse a sí mismas o sentirse inferiores o superiores. En este último caso, sin embargo, sólo en apariencia. Es un mecanismo para compensar su mala opinión de sí mismos. Por esta razón, por lo general rechazan los cumplidos de los demás. Creen que nunca son lo suficientemente buenos. Se molestan cuando se les dice que se destacan en un área. Creen que es un engaño. No pueden entender que alguien puede tener una idea positiva de ellos, ya que son los primeros en odiarse a sí mismos. 4. Constantemente disculparse

Una persona con trauma infantil siente que todo lo que dice o hace puede molestar a los demás. Por esto se disculpa con frecuencia. Pide perdón por cosas por las que no debería hacerlo. Se disculpa cuando toma la palabra, como si no tuviese derecho a hacerlo. O cuando está a punto de entrar o salir de un lugar, etc. En esta actitud, podemos ver un signo de una educación restrictiva, tal vez humillante y con poca muestra de afecto. Algunas personas sienten que deben pedir perdón por cualquier acción que revele su presencia en el mundo. Este es sólo uno de los mayores efectos del trauma infantil que no se ha superado. 5. Escapar del conflicto o vivir en él

Las infancias traumáticas generalmente se dan en un contexto de familia muy conflictiva. Un contexto en el que los desacuerdos y las agresiones son la norma; donde cualquier palabra o acto puede desencadenar un seguimiento de los problemas. Por esta razón la persona puede crecer con fijación y miedo al conflicto. Aquellos que temen el conflicto huyen bajo cualquier circunstancia. Incluso es capaz de negar sus convicciones para evitar una confrontación. Aquellos que se preocupan por el conflicto lo convierten todo en un problema. Se adhieren a la repetición de la conducta que aprendieron cuando eran niños. Los traumas infantiles no se resuelven por sí mismos, o rara vez lo hacen. Es necesario trabajar en ellos para que no invadan la personalidad y hagan que la vida sea un infierno. Como adultos somos capaces de modular y procesar traumas infantiles para que no afecten nuestras vidas.





Si te has reconocido en esta sintomatología puedes hacer algo para resolverlo. No dudes en pedir ayuda a un buen profesional. No cargues más con ese peso En PSIGE Psicología hay profesionales dispuestos a escucharte. Podemos ayudarte.


"El trauma es personal. Incluso si se niega, no desaparece. Cuando son ignorados o negados, los gritos silenciosos siguen viviendo dentro y sólo son escuchados por aquellos que son prisioneros de ella. Cuando alguien se mete en ese dolor y oye los gritos, la curación puede comenzar". -Danielle Bernock


Bibliografía - Terr, L.C. (1991). Traumas infantiles: Un esquema y una visión general. En American Journal of Psychiatry(Vol. 148, págs. 10–20). https://doi.org/10.1176/ajp.148.1.10

- Copeland, W. E., Keeler, G., Angold, A., & Costello, E. J. (2007). Eventos traumáticos y estrés postraumático en la infancia. Archivos de Psiquiatría General, 64(5), 577–584. https://doi.org/10.1001/archpsyc.64.5.577

171 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo