Guerra y paz: estrategias de disciplina para adolescentes con y sin TDAH




Los adolescentes anhelan autonomía. Esta sed de independencia, además de los cambios de humor, causan tensión (y batallas) en muchos hogares.


Los adolescentes se encuentran en una etapa de desarrollo en la que buscan su propia identidad, comienzan a distanciarse de las figuras parentales, a imponer su punto de vista y a exigir mayor autonomía e independencia.


Es por eso que hablar con ellos no siempre es fácil, especialmente cuando los

padres les hacen peticiones o les dicen que no a alguna de sus súplicas. Es necesario encontrar una manera de comunicarse con ellos, evitando gritar o castigarlos de inmediato, de lo contrario, cada intercambio se convierte en un conflicto, donde tanto el padre como el niño intentan obtener ventaja.

Es necesario en primer lugar escuchar: los padres deben escuchar al niño activamente, comprender lo que está tratando de comunicar y lo que se esconde detrás de su solicitud.


Debemos pensar que nuestro hijo está creciendo, que comienza a pensar de forma más independiente y a construir poco a poco su propia forma de ver e interpretar la realidad que le rodea, que muchas veces, como es normal, no se corresponde con la nuestra. Los padres pueden sentir que están perdiendo el control y no ser capaces de escuchar activamente al niño. Demasiadas veces nos enfrentamos a él pensando que lo conocemos bien, dando por sentado lo que tenemos que decir y centrándonos más en la solución o la respuesta a dar sin atenderle activamente.


¿Cómo comunicarse con los adolescentes sin chocar?






1. NO MENOSPRECIES LO QUE TE DICEN O TE PREGUNTAN. No los hagas sentir que lo que piensan es menos importante: si menosprecias lo que experimentan, los estás menospreciando como personas y eso los lleva a acercarse aún más a sí mismos o a ser opositores y resentidos. Ten cuidado porque frases como "estás exagerando", "dije que no, no lo conviertas en una tragedia", "cuando crezcas, lo entenderás" bloquean la comunicación, en lugar de abrirla, y si realmente se encuentran en dificultades, es posible que ya no vengan a decirte cosas porque pensarán que no las tomarás en serio. Dale importancia a lo que viven, redirigiendo si es necesario, pero siempre dando el peso adecuado a las cosas.


2. Déjalos hablar y expresarse Los adolescentes necesitan autoafirmación y un espacio en el que expresar lo que sienten y lo que les gustaría hacer. Es importante hacer que terminen de hablar, sin interrumpir, para entender realmente lo que tienen que decir. Si tienen un problema y quieren abrirse, les lleva un poco de tiempo hacerlo, así que, detente y escucha: "Dime, estoy aquí, te escucho". Si te hacen una petición, no respondas instintivamente, con un "no" categórico o con reproches, porque esto no les hará sentir comprendidos: incluso si no estás de acuerdo, tómate el tiempo, explica con calma tu punto de vista. Sentirán de esta manera que incluso si les estás dando un límite, los has tenido en cuenta.


3. PONTE EN SUS ZAPATOS. Es cierto que muchas veces es difícil para un padre poder mirar el mundo con sus ojos, porque incluso el uso de la tecnología ha puesto cada vez más distancia entre generaciones. Pero intenta, aunque no estés de acuerdo, ponerte en una posición en la que entiendas sus necesidades: son adolescentes y muchas peticiones no son tan extrañas, por lo tanto, no los hagas sentir como "alienígenas". Intenta mirar las cosas desde su punto de vista, y no solo desde el tuyo, para conocerlas mejor y acercarte a su mundo.


4. NO DAR ÓRDENES, SINO HACER PACTOS. Muchos padres agotados suelen llegar a mandar, a imponerse con sus hijos con frases como "Se hace lo que yo digo", "Yo soy el padre, tú debes obedecer". Más bien, debemos tratar de guiar a nuestros hijos, dándoles la oportunidad de construir su propio camino. Seguramente las reglas son importantes porque dan los límites dentro de los cuales los niños pueden moverse con seguridad, pero es mejor decidirlas juntos, llegando a un compromiso que sea bueno para todos. Intenta que los adolescentes participen en las decisiones, preguntándoles cómo piensan, cómo les gustaría comportarse en determinados momentos, para que se pueda llegar a un pacto común, enseñándoles también un sentido de responsabilidad.


5. TÓMESE LOS MOMENTOS PARA HABLAR. Muchos padres se quejan de que sus hijos están cerrados y ya no hablan como antes: cuando un adolescente necesita al padre y ser escuchado, no lo pide tan abiertamente como cuando era más pequeño. Los adolescentes son más silenciosos, hablan en monosílabos y necesitan que otros los "lean", por lo tanto, trata de captar su comunicación no verbal y hacerlos expresarse, quizás a partir de algo que ha pasado, de una noticia o de una película. El objetivo no es hacerles preguntas, sino entender cómo son y qué piensan, ayudándoles a reflexionar críticamente y entrenándolos para que piensen por sí mismos.




Y si nuestro adolescente está diagnosticado con TDAH utilice estas 5 reglas para fomentar la cooperación y la paz con su hijo .

1. No castigue los síntomas. Un adolescente emocional con TDAH no está siendo "difícil" a propósito. La desorganización u olvido no es una opción voluntaria. Enseñar estrategias de control de síntomas; ser conscientes que necesitan práctica y que no se dan cuenta automáticamente de ciertos riesgos y conductas.

2. Cree un contrato escrito. Cuando las reglas se escriben y se firman – por los padres y los adolescentes – las luchas de poder disminuyen. Algunas reglas importantes (con recordatorios, consenso y aplicación coherentes) funcionan mejor que una lista larga y abrumadora.

3. Anticipar problemas futuros.

Qué harás:

¿Si tu hijo se salta la escuela o el instituto?

¿Si te falta el respeto?

¿Si rompe el toque de queda?

¿Si tu hijo adolescente llega a casa borracho?


Planifique cómo reaccionará con anticipación, para que pueda lidiar con el problema con calma y forma constructiva.

4. Deje que su adolescente se desahogue.

El TDAH trae consigo emociones fuertes. Reconoce la frustración, la desilusión, el resentimiento y la ira de tu hijo adolescente, sin criticar. Asegúrese de diferenciar entre sentimientos de enojo y actos de ira.

5. Establecer comportamientos de tolerancia cero.

Los adolescentes con TDAH tienen un mayor riesgo de abuso de sustancias, adicción y accidentes automovilísticos. Los malos comportamientos peligrosos e ilegales exigen consecuencias rápidas y significativas.




Las palabras de una chica dirigida a sus padres pueden ayudar a entender lo que está sucediendo en sus cabezas:

Queridos mamá y papá,

en estas pocas líneas intentaré explicar quién soy, o al menos lo intento, ya que estoy acostumbrada a guardarlo todo. Me convertí en adolescente, ahora tengo 14 años, aunque a veces te es difícil aceptarlo porque todavía me consideras tu niña. Muchas veces ni siquiera sé qué me pasa, me siento extraña, nerviosa, algunas mañanas me levanto, me miro en el espejo y me encuentro bonita, otras no me veo, me doy asco y rompería el espejo. A veces me siento muy fuerte, otras veces sueño con ser como esas fantásticas modelos o cantantes que sigo en las redes sociales y casi me da vergüenza salir.

Me doy cuenta de que mi cuerpo está cambiando, los chicos me miran de manera diferente, miran mis pechos, mi trasero y a veces me avergüenzo y espero que haya alguien que no solo mire eso.

Me gustaría ser diferente, me gustaría tener más confianza y tal vez a veces me gustaría hablar de ello contigo. A menudo me siento fuera de lugar, tengo miedo de decir cosas estúpidas y ser objeto de burlas por parte de mis amigos, es por esta razón que a menudo hago lo que otros hacen.

A ti mi vida puede parecerte sencilla, porque hay pocas responsabilidades, pero no es así, cada mañana tengo que luchar por encontrar un lugar en este mundo, tengo que tener cuidado con todo, cómo vestirme, qué decir, mis perfiles, lo que pasa en los chats, todo lo que pasa para no ser rechazada. Además estáis vosotros que parece que la única preocupación es el colegio y las notas y que no me emborrache y no me acueste con mi novio. Así que la escuela se vuelve aún más pesada, ya la calificación del profesor parece un juicio de lo que valgo como persona, además cuando regreso a casa tengo que enfrentarme a la tuya también y tengo que luchar con el miedo y la ira de tu decepción.

¿Cuánto vuelvo de la escuela, la pregunta que siempre me haces es "¿Cómo fue en la escuela hoy"?

Pero, ¿crees que realmente quiero responderte cuando estoy cansada, hambrienta y me gustaría hablar de todo menos de la escuela? Trata de respetar mis tiempos sin bombardearme con preguntas y verás que yo misma te estaré buscando y diciéndote lo que quiero decirte. Hacerme saber que también estáis interesados en saber cómo soy, en como me siento porque no me importaría en absoluto decíroslo.

A menudo me llamas gruñona, malhumorada y descuidada, aquella a quien todo le da igual: ¿sabes cuál es la verdad? Que llevo una mascara para sentirme más fuerte de lo que soy y que cada vez que me gritas y me criticas, esas críticas me duelen mucho.

Me gustaría explicarte por qué me quedo pegada horas y horas a mi smartphone y por qué no puedo prescindir de él, pero no entenderías la importancia que tiene para mí, porque para vosotros seguirá siendo ese objeto que me hace perder solo el tiempo, no aquel con el que me relaciono, comparto y gestiono mi vida.

Te puede parecer extraño, como si lo que hago no tuviera sentido, pero no me juzgues por esto: me asusta crecer, hacerme mayor, lo veo difícil, tengo que tomar decisiones y en todo esto todavía os necesito aunque no os lo demuestre.





Muchas veces los adolescentes no necesitan respuestas o soluciones que vengan de arriba sino simplemente alguien que los escuche y que le dé importancia a lo que viven. Necesitan recibir nuestro cariño, así como recomendaciones y reglas, y sentir que sus padres están un poco de su lado.



Bibiografía:

- AdoleScienza.it Maura Manca.


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