Procrastinando voy, procrastinando vengo, por el camino yo me entretengo...

Supongo que has leído el título canturreando la famosa canción Volando voy. Quería comenzar con una sonrisa este artículo, primero, porque #yoprocrastino, y segundo, si lo estás leyendo, es porque #procrastinas, o porque conoces a alguien que lo hace. Aunque te voy a decir un secretillo: todos en alguna ocasión lo hemos hecho, lo que ocurre es que algunos lo hacemos habitualmente y otros puntualmente.







Procrastinar es aplazar una tarea importante dedicando el tiempo a actividades triviales, esperando a que llegue el último momento para realizarla (cumplir un plazo), o incluso quedando inacabada. La procrastinación se manifiesta con diferentes “caras”:

  • Ignorar la tarea con la esperanza de que desaparezca.

  • Subestimar el trabajo que implica la tarea o sobreestimar las capacidades y los recursos de uno mismo.

  • Dedicar horas interminables a tareas vanales como los videojuegos o navegar por internet.

  • Sustituir el estudio/ trabajo por otra actividad importante, pero de prioridad baja, como la limpieza de las habitaciones.

  • Creer que retrasos pequeños no serán perjudiciales, pero en realidad de un par de minutos estimados se pasa a una hora o dos.

  • Perseverar sólo en una parte de la tarea, como la escritura y la reescritura del primer párrafo de un trabajo, pero no abordar nunca el tema completo.

  • Quedar paralizado entre la elección de dos alternativas, y al final no hacer ninguna.

Lo vemos en alumnos de primaria y secundaria, pero también se da en adultos. La diferencia entre ambos colectivos es que el primero tiene adultos detrás recordándoles que están dejando las cosas para el final, y el segundo en muy pocas ocasiones los tiene, porque como adultos, nosotros mismos nos organizamos el tiempo (¿lo hacemos? ¿Correctamente?).

Procrastinar va en contra de lo que nos dicta la razón, paraliza nuestra voluntad y tomamos decisiones incorrectas aun cuando somos conscientes de ello. Y si nos pasa en más de una ocasión, y desde tan temprano, ¿por qué seguimos haciéndolo de adultos? Y lo más curioso, ¿por qué no nos hacen caso los niños cuando les decimos que se les echa el tiempo encima?


Los resultados obtenidos en investigación nos muestran que las personas que procrastinan no lo hacen por pereza, desidia o irresponsabilidad, sino porque se sienten abrumados ante la tarea. La tarea es tan “grande” por el esfuerzo, tiempo o complejidad (o todo a la vez) que implica, que genera ansiedad, estrés y bloqueo mental, por no saber abordarla. También se revela que se asocia a la facilidad para distraerse, una disminución en la autoeficacia, la minuciosidad y la motivación hacia el rendimiento, además de gestión deficiente del tiempo, dificultad para concentrarse, temor y ansiedad, creencias negativas, problemas personales, aburrimiento, expectativas irreales, perfeccionismo, y temor al fracaso.


Cuántos motivos, ¿verdad? En otras palabras, la persona que procrastina (de cualquier edad) se enfrenta a una tarea que le supera en cuanto a contenido y/o forma; suele tener dificultad para la organización y la planificación de tareas, y para concentrarse; y dudas sobre su capacidad para llevar a cabo la tarea correctamente. Por otro lado, también puede haber otras dificultades por las que no estemos motivados a llevar a cabo cierta actividad, como el aburrimiento que nos produce hacerla, ser muy minucioso o perfeccionista, o plantearse expectativas demasiado altas, hacen que dejemos a un lado la tarea: se necesita mucho tiempo y esfuerzo para alcanzar gran nivel de detalle, dejarla perfecta o alcanzar dichos objetivos ideales. Se genera una emoción negativa como el miedo (al fracaso), y el cerebro reacciona con este mecanismo para no tener que pasar por ello.


La procrastinación alivia la tensión momentáneamente. No realizar la tarea nos genera malestar porque es importante, pero buscamos razones para dar prioridad a otra tarea y que no nos pese en la conciencia. Tras acabar, viene otra vez tensión, culpa, ansiedad, pensamientos negativos…


¿Qué podemos hacer para cometer menos aplazamientos? Lo primero es darse cuenta de cuando estamos procrastinando realmente. En ocasiones no nos queda más remedio que aplazar una actividad por otra porque nos lo exigen las circunstancias, por ejemplo, faltar a una reunión importante por tener que llevar a un hijo a urgencias. En ese caso no estamos procrastinando. Pero cuando se hace... hay que afrontar lo que ocurre para aplicar la solución adecuada.


Piensa en lo mal que te sientes cada vez que aplazas esa tarea y no la entregas a tiempo, o tienes que improvisar, mentir para conseguir más tiempo, o no dormir la noche antes para acabar, ir corriendo a todas partes… Todo lo que te dices por no haber aprovechado mejor el tiempo. Todo lo que sientes que te lleva a dejar de lado eso tan importante. Te ayudará a pensar soluciones:

  • Planificar el tiempo que tienes disponible con horarios, planificadores y agenda. Escríbeme y te enviaré planificadores y plantillas de horarios :)

  • Dividir la tarea en objetivos, y estos en sub-objetivos, es decir, si apunto en la agenda “escribir un artículo para el blog”, tengo que especificar varias cosas: tema, búsqueda de información, lectura de información, y escritura del artículo. Y de cada uno:

  • Organización de la info en apartados: definición, antecedentes, personajes relevantes… en función de lo que haya que hacer.

  • Webs en las que voy a buscar para no perderme en internet. Otros recursos como manuales formato papel. A veces procrastinar se da porque necesitamos o queremos tener toda la info antes de empezar con la tarea, y eso nos retrasa.

  • La lectura también es recomendable hacerla por apartados.

  • Organización de la info en esquemas o diagramas para que quede bien asociadas todas las ideas.

  • Escritura siguiendo el diagrama para que la info quede bien expuesta.

  • Determinar en el planificador el día que se va a cumplir cada objetivo. Viendo las tareas que tenemos (gimnasio, extraescolares, la compra semanal…) buscamos los momentos idóneos para ponernos, podemos anticipar si necesitaremos una persona que nos apoye con otras obligaciones...

  • Alejar las distracciones que nos hacen procrastinar. Videojuegos, redes sociales, móvil, apagados y guardados en un armario. Procurar estar descansado, no tener hambre, llevar ropa cómoda, y estar en un lugar apropiado para trabajar. Estar incómodo resta concentración a las personas con dificultad para concentrarse. Puedes hacer un registro de las situaciones en las que has procrastinado para evitarlas en los momentos cruciales.

  • La motivación para realizar la tarea es muy importante. Tenemos que pensar por qué hacemos la tarea, y las consecuencias de ello. Nos tenemos que proyectar al momento en que acabamos la tarea y lo bien que nos sentimos al hacerlo con tiempo de sobra, la tranquilidad que llevamos durante el proceso al seguir un plan, la satisfacción de ir tachando objetivos cumplidos.

  • Autoinstrucciones. Muchas veces sólo nos hablamos para decirnos lo mal que hacemos las cosas, el ridículo o desastre que hemos logrado por nuestras actuaciones, pero si nos hablamos antes de las tareas, no para decirnos todo lo anterior, sino para darnos instrucciones de como planificar los objetivos, organizar el espacio y el material que necesitamos, etc., se hace más fácil. En este diálogo interno también nos tenemos que dar ánimos, decirnos que si seguimos el plan va a salir bien. Cuando terminamos una etapa (un sub-objetivo), nos elogiamos, revisamos el planificador para comprobar cuando toca la siguiente y lo que necesitamos. Si nos cuesta hacer los sub-objetivos en el tiempo estimado, hay que repasar la línea temporal, y a lo mejor, reformularlos en otros más pequeños para no tener que dejar de hacer una rutina cotidiana, faltar a los horarios de comida, etc. Por último, aconsejo pensar autoinstrucciones contra esos pensamientos que nos dicen: “me levanto a picar algo y vuelvo”, “voy a descansar 5 minutos mirando tal red social”, o “llamo a Ana un momento a ver cómo está su hermana”. Tenemos que buscar el mantra que nos haga volver a la tarea.

  • Descansos. Cada cierto tiempo hay que descansar, pensar en otra cosa, estirar la vista y las piernas

  • Determinar un “premio” para cuando acabemos la tarea. Primero, la “medalla” de acabar en tiempo; segundo, la tranquilidad que hemos llevado. Aunque hayamos estado estresados por la ejecución, siempre será un estrés que impulsa a la acción más que la ansiedad de tener que acometer una gran tarea en unas horas (por quedar bien nosotros, no la tarea).

Os dejo un enlace a un video de TEDx buenísimo en el que Tim Urban nos cuenta cómo funciona el cerebro de un procrastinador.


Para más información o ayuda para aprender a no procrastinar, te veo en consulta.

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