Efectos psicológicos en niños y adolescentes en la etapa pos-confinamiento.

No es ser catastrofistas ni agoreros si como psicólogos anunciamos posibles dificultades en la salud mental de los ciudadanos y, más en concreto, en nuestros niños y adolescentes. Considerando la situación vivida en los últimos meses es fácil de prever unas consecuencias psicológicas negativas.


Primero de todo comentar que existen cinco necesidades emocionales primarias que son fundamentales para la salud mental de nuestros niños y adolescentes y son:


  1. Percepción de seguridad y apego seguro: vivir en un entorno que haga que los niños se sientan protegidos es esencial. Es tarea de los adultos construir a su alrededor previsibilidad, reconocimiento, aprobación, percepción de ser amado y también ofrecerles cuidado y atención. En la práctica, aunque la emergencia COVID-19 todavía puede representar una amenaza, es importante que el niño entienda que si se cumplen todas las reglas, puede sentirse seguro con su familia.

  2. Autonomía y sentido de identidad personal: incluso en este momento, hay que seguir fomentando el desarrollo de la identidad del niño manteniendo la autonomía previamente adquirida y acompañándolo en los próximos pasos de crecimiento.

  3. Sociabilidad y juego: A pesar de no hacer contacto directo, mantener los contactos siempre que sea posible con los medios a nuestro alcance y dedicar espacio a jugar e interactuar con los padres.

  4. Límites seguros y apropiados para la edad: A pesar del momento difícil, es esencial mantener la función educativa con los niños. Dada la presencia de muchas limitaciones externas en los últimos meses, sería útil, por tanto, mantener rutinas y límites y no ceder, por ejemplo, a la tentación de una permisividad excesiva.

  5. Libertad para expresar sus necesidades y emociones: permitir que los niños y los adolescentes expresen sus preocupaciones y estados de ánimo en este momento. Esto se puede facilitar mediante el uso de dibujos y otras formas de expresión. Una gran manera de satisfacer esta necesidad es la apertura de la comunicación: interesarse por su estado de ánimo, preguntar qué piensan, cómo se sienten, involucrarlos en la toma de decisiones.

Muchas de ellas no están siendo del todo cubiertas debido a la gestión de la pandemia. Por un lado, tenemos la obligación del cumplimiento de normas restrictivas que les afectan muy directamente y, por otro lado, porque para los padres tampoco es fácil la situación ya que se están enfrentando a muchos nuevos retos y a sus propios miedos y preocupaciones.


Durante tres meses han tenido que enfrentarse al cierre de sus escuelas e institutos, separación social de sus amigos, estancia exclusiva en el ámbito familiar. Además, la cuarentena ha hecho aún más evidente y ha acentuado las desigualdades en el acceso de los niños y jóvenes a las oportunidades de aprendizaje y socialización.

Niños y adolescentes han perdido en este tiempo sus hitos sociales: escuela, actividades deportivas, novias, abuelos, educadores. Además, sin vida, sin juegos al aire libre. Durante la cuarentena, para los miembros más pequeños de la familia, los únicos interlocutores eran padres y hermanos, a menudo agobiados por miedos e incertidumbres, con relaciones emocionales, momentos de tensión en una convivencia forzada entre las paredes del hogar, y además 24 horas al día, sin interrupción, con el virus esparciéndose fuera, sembrando el miedo al contagio. ¿Las consecuencias? Cambios de humor, aumento de la irritabilidad, ataques de ansiedad (especialmente por miedo al abandono), ansiedad, obsesión por la limpieza, cambios en el ritmo del sueño causados por el miedo a la oscuridad, dificultad para conciliar el sueño, despertares nocturnos y estrés.





Según el informe de las Naciones Unidas sobre el impacto del COVID-19 en las niñas y los niños, publicado el 15 de abril, las consecuencias de la pandemia serán evidentes en cuatro dimensiones: el aumento de la pobreza, con efectos devastadores para las niñas y los niños que viven en entornos con escasos recursos económicos y sociales, en el aprendizaje y en la salud y supervivencia.


Para reducir las consecuencias negativas, según el informe, es necesario actuar en tres direcciones: más información, más solidaridad, más acciones. En comparación con esto último, para minimizar los efectos de la emergencia en los niños, se pide a los gobiernos que, por ejemplo, amplíen la atención social, prioricen los servicios centrados en los niños con equidad de acceso y atención a la protección contra la violencia y el abuso, a que amplíen el acceso a lo digital, a que apoyen a los padres y a los cuidadores.

La reanudación de las actividades y el regreso deseado al aula de forma segura deben incluirse en una fase de transición que incluya un plan de intervenciones psicoeducacionales y apoyo a los niños y las familias. Estas intervenciones son indispensables y deben orientarse hacia: formación para mantener comportamientos seguros, hacer expresar las emociones en relación con las experiencias vividas, desarrollar o fortalecer estrategias de adaptación, promover la solidaridad y el apoyo hacia los más vulnerables y los que han sufrido las consecuencias más graves de la epidemia.


Según los autores de una nueva revisión sobre los efectos a largo plazo del bloqueo en la salud mental, es probable que los niños y adolescentes experimenten altas tasas de depresión y ansiedad mucho después del final del bloqueo y el aislamiento social y que los servicios clínicos deben estar preparados para un aumento futuro de la demanda.

La investigación, que se basa en más de 60 estudios preexistentes y revisados sobre temas relacionados con el aislamiento, la soledad y la salud mental para jóvenes de 4 a 21 años, se publicó el lunes 1 de junio de 2020 en el Journal of the American Academy of Child and Adolescent Psychiatry.

Según la revisión, los jóvenes que han estado aislados pueden tener tres veces más probabilidades de desarrollar depresión en el futuro y que el impacto de la soledad en la salud mental podría durar al menos 9 años.

Los estudios muestran una asociación entre el aislamiento y el aumento del riesgo de problemas de salud mental para los jóvenes. También hay evidencia de que la duración del aislamiento puede ser más importante que la intensidad para aumentar el riesgo de depresión futura entre los jóvenes.

Esto, dicen los autores, debería ser una advertencia a los responsables políticos del aumento esperado de la demanda de servicios de salud mental por parte de jóvenes y adultos jóvenes en los años venideros, tanto aquí en el Reino Unido como en todo el mundo.


Con todo esto, no quiero decir que todos vayan a sufrir el impacto psicológico del coronavirus. Van a existir otros factores que conjuntamente a las carencias anteriormente citadas, van aumentar la probabilidad de que así sea.


¿De qué factores estamos hablando? Pues por citar algunos de los más relevantes:


  • Patologías previas

  • Situaciones familiares conflictivas

  • Enfermedad o fallecimiento de un familiar

Tenemos por tanto que estar muy atentos a las señales que nos mandan nuestros hijos ya que en muchos casos no lo dicen verbalmente sino que son sus conductas las que están mandando los indicadores de que algo no va bien.






Estemos por tanto atentos ante estas señales, que ya hemos citado anteriormente:


  • Sensación de ahogo

  • Llanto desconsolado

  • Conductas regresivas

  • Dificultades del sueño ( dormir en exceso, despertares nocturnos, no querer levantarse...)

  • Irritabilidad

  • Miedos

  • Cambios en la alimentación

  • Cambios de humor

  • Y cualquier cambio en nuestro hijo no habitual en él.


Como concluye el informe de la ONU, "debemos actuar ahora, debemos actuar con decisión y a gran escala".





Referencias

1. Dalton L, Rapa E & Stein A. (2020) – Protección de la salud psicológica de los niños a través de una comunicación eficaz sobre COVID-19. The Lancet, 4(5), 346-347

2. Dra. Rachele Nanni, jefa del programa de Psicología Ausl Romagna, junto con las psicoterapeutas Samantha Nucci y Doriana Chiuchá.

3. Informe de la ONU

4.M. Loades et al.Revisión sistemática rápida: El impacto del aislamiento social y la soledad en la salud mental de los niños y adolescentes en el contexto de COVID-19.Journal of the American Academy of Child and Adolescent Psychiatry, 2020 DOI:10.1016/j.jaac.2020.05.009




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